Cristiano es un borracho

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Cristiano es un borracho

Dijeron: “Cristiano es un borracho”, y les cayó la del quince. Sacaron una literatura que vinieron a titular “pornografía para madres” y se forraron. “Pierde el control”, dice el subtítulo de la película; “que cuando quieras recuperarlo ya serás una piltrafa inservible”. Pero no me quiero adelantar: empecemos por el principio.

Cristiano es un borracho. Un estadio de fútbol no es la Scala de Milán ni la filarmónica de NY. Ni siquiera el teatro monumental, que creo que está en Atocha.

Un partido de fútbol es el sitio donde desahogarse… dentro de unos límites. Los hombres necesitamos de espacios simbólicos donde descansar, y el juego es uno de ellos; normas arbitrarias a las que todos nos sujetamos y que nos hacen sufrir y disfrutar.

Un pragmático dirá que es un estupidez eso de que la pelota traspase una línea y cantemos gol; pero como somos seres simbólicos, abiertos a la poesía y lo imaginativo, eso nos descansa mogollón. Eso, e insultar, aunque sea un poquito, al árbitro, al del otro equipo, etc. No es un insulto tan real como lo fuera en la frutería o en el trabajo; entra dentro de este marco simbólico y por eso se deben permitir esas licencias futboleras. Es mi opinión.

Multar al Barça -y mira que no soy de ese equipo- por llamar a Cristiano amigo del alcohol es la típica e insufrible condena de la moral puritana. O sea, nos lamentamos por eso mientras no muy lejos matan a 21 egipcios cristianos y da igual.

Luego está el rollito de 50 sombras de Grey. “Si tu no quieres, no vayas a verla”, me sugerirán algunos; y a mí eso me suena a “Si en Arabia Saudí las mujeres no pueden votar ni conducir, no vayas a verlas”; tú a lo tuyo, dicen. Pues va a ser que no, al menos en mi caso. Lo que se proyecta en las pantallas de España me importa tanto como lo que pasa en Irak, la pobreza en África o el maltrato de niñas.

Junto a la puritana, la moral libertaria. Caminos de conquista de las voluntades: la comida y el sexo; convierte a los hombres y a las mujeres en juguetes sexuales y ya puedes olvidarte de que sean capaces de poco más. Hacer, por el libertinaje, esclavos; y por el sexo, siervos. ¿Qué lector desconoce que la espiral de la pornografía y la sexualidad vivida como si fuera algo banal no tiene fin?

Se vuelve, y se vuelve, y se vuelve a volver… y se empieza a mentir… y lo que empezó como juego acaba por atentar a la justicia y se llama infidelidad. Es entones cuando la moral libertina te arroja en brazos de la puritana… y a disimular. La doble vida y el fracaso. La infelicidad.

Hoy empieza la cuaresma, y yo me propongo y te propongo un horizonte de verdadera libertad y auténtico dominio de ti mismo. ¿Cómo?

En la parroquia de la Gavia te lo explicarán… o al menos, lo intentarán. Hay algo que decir.

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