Excálibur, Ébola, Dios y Santiago

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Excálibur, Ébola, Dios y Santiago

Decir Escálibur es suficiente para reconocer Ébola. En este cocido hay, no obstante, más ingredientes, como Dios y Santiago. A ellos les dio gracia la famosa enfermera enferma. Dejo para otros blogs los otros mil condimentos que sazonan este mejunje: administración pública, responsabilidades e irresponsabilidades y otras muchas consecuencias políticas, que aunque me pudieran llegar a interesar, no son de mi incumbencia.

Ébola: enfermedad mortal altamente contagiosa que causa la muerte, por lo que se ve, muy especialmente entre los más pobres. Eso es el virus maldito: una plaga para nuestro mundo. Guantes y mascarillas para la mutación mortal., Una plaga para los países subdesarrollados, una preocupación para el primer mundo.

¿Adónde voy? Quiero hoy hacer reparar al lector en el Ébola moral, que no mortal: ese que acaba con la conciencia y la rectitud de las personas. Sí. Un virus que ataca al hombre especialmente en occidente, y que en algunos casos desata nuestra ira…. y en otros nuestra complacencia. ¿Un Ébola pacíficamente admitido? Así es. Me explico.
Cuando vemos decenas y decenas de políticos y sindicalistas robar a espuertas, nos enojamos. Con razón. Ponemos el grito en el cielo y nos enervamos. Gritos y protestas por la injusta situación. El ciudadano con el agua al cuello y el que debería servir con el agua en la piscina climatizada. Basta ya.

Eso es Ébola de la moral política. Igual que el virus afecta a una mutación que acaba dando muerte al cuerpo entero, así también el Ébola de la inmoralidad no afecta sólo a la política. También afecta al terreno familiar, a la vida y a la vida sexual. O sea: que ese espíritu de inmoralidad que lleva a los hombres a robar impunemente es el mismo -o parecido- que aquel que tolera la muerte del inocente en el vientre de la madre. Se llama aborto. Y ya son pocos los que levantan el grito en el cielo. ¿Por qué? Porque como el Ébola hace un año, afecta a los más pobres (los no nacidos). Y eso no interesa.

Pero el espacio viral de la inmoralidad pública no acaba aquí. También la degradación de la mujer en la televisión, prensa y publicidad está normalmente aceptada. Ahora bien, luego la gente se extraña de la violencia doméstica. Yo también me escandalizo, y la repruebo. Repruebo las dos cosas: que la mujer sea usada como objeto en la publicidad sexista o en las relaciones de pareja. Las dos cosas son Ébola para mí.

Ese virus que afecta a la política y a la vida, toca muy directamente la vida sexual. Los muchachos quedan contaminados por el desamor por la basura que hay en las televisiones y la mugre que puebla internet. Pero contra eso nadie alza la voz. ¿Por qué? Porque muchos sacan tajada -mucha pasta- por esa bazofia.

Conclusión: hay mucho fariseismo. Quien grita contra la inmoralidad -robar, por ejemplo- que clame contra toda inmoralidad -matar, por ejemplo. Lo veremos el 22 de Noviembre…

Ahí queda eso.

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