La procesión va por dentro: La Virgen de la Torre

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La procesión va por dentro: La Virgen de la Torre

No hay duda de que todo vallecano lleva a un inconformista dentro. Sí. Es una característica de esta Vallecas nuestra: no nos conformamos. Y si en Ensanche de Vallecas está sucio, lo diremos cuantas veces sea necesario con la esperanza de que un día nuestras calles sean tan limpias como deseamos. Tampoco nos satisfacen los olores de Valdemingomez: y lo decimos. El vallecano, con razón o sin ella, no se calla. Lo llevamos en la sangre.

Lo que a mí nadie me había dicho es que (casi) toda mujer y todo hombre de la Villa de Vallecas lleva a alguien muy dentro. Es una mujer. Es la Virgen de la Torre.

La espectacular procesión del pasado domingo 14 de Septiembre da que pensar. El pueblo vallecano se echa a la calle. Quizá el resto del año nadie sabe que la Virgen está en sus corazones, pero es que la procesión va por dentro. Un día, sólo un día, sale al exterior, a engalanar nuestro barrio y alegrar nuestros corazones.

La alegría de esa jornada puede ser la de cada día, ¿por qué no? Desde entonces, acudo más a la Virgen de la Torre. Tengo su imagen en el coche y en mi cuarto. Vallecas tiene una madre, y yo quiero ser su hijo. Quiero que esa procesión de alegría de tener al Virgen más bonita de Madrid sea expresiva en mi trato con los demás. Porque estoy contento. Con tal madre, muy contento.

¡Qué imagen más bonita! ¡La más guapa ! La talla, el diálogo con el niño, la carita… ¡Viva la Virgen de la Torre! Y viva su procesión, expresión cultural y religiosa del pueblo vallecano.

Como todo lo bueno, no es habitual. Cuando vuelva a su ermita, ella nos espera. Para que le confiemos nuestros desalientos. Para que compartamos nuestras alegrías. Para que sigamos luchando por cuanto consideramos que es justo.

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