Tomadura de pelo

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Tomadura de pelo

Una historia de amor puede acabar en felicidad o tragedia, pero siempre será “historia de amor”. Esta es la clave. Ya sea una obra clásica o moderna, en prosa o en verso, es necesario que existan dificultades para el encuentro, enemigos de los enamorados, situaciones casi insalvables. Los amantes a veces mueren en el empeño, como Jack en Titanic; o se encuentran felizmente, como Renzo y Lucia en una obrar preciosa que no diré…

Nadie se echa las manos a la cabeza diciendo… “¿Cómo? ¿Sufrir por amor? ¿hasta donde está el límite del sufrimiento y del amor?” Se entiende que quien ama, sufre: ya porque la otra parte se pone enferma, no nos entiende, se hace mayor… o fallece. El sufrimiento es inherente al amor, porque acompaña al vivir. Entonces…

¿Dónde está el límite entre servir y que te tomen el pelo?

Interesantísima pregunta la de la joven de 16 años. Pero… ¿Dónde está el límite de amar hasta que cueste? En las dificultades es cuando se demuestra cuánto se ama… y en la “tomadura de pelo” es a veces cuando se demuestra cuanto se sirve…

Quien quiera servir, y servir hasta el final, llegará -en lenguaje cristiano- a labores de esclavo: lavar los pies a tus amigos. Eso hizo Jesús, y eso nos llama a hacer. ¿Significa eso ser esclavo? ¡No! Significa, como Jesús, “hacerse esclavo” por amor. Es decir: amar hasta servir en el límite de lo razonable, aún cuando otros puedan abusar de tu generosidad. De hecho lo hacen. Pero la satisfacción de servir es infinitamente más grande que el orgullo herido por la incomprensión de los demás. Basta que tengamos interioridad para entenderlo. Servir, aún en lo más básico, es precioso; porque es precioso amar, entregarse, olvidarse de uno mismo.

¿Dónde está pues el límite entre servir y que te tomen el pelo? En uno mismo. Sí, en saber distinguir lo que es orgullo de lo que es justo, lo que es un amor mediano de lo que es un amor grande, de lo que es entregar la vida a medias o solo completa. El límite está en uno mismo; porque solo “uno mismo” puede llegar a meter todos estos elementos en la coctelera y tomar la decisión: servir siempre por amor.

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